La felicidad se puede aprender, desarrollar y alcanzar. Sea feliz

Autor: Juan Zeljko Arapovic Doko

  • Se sabe ahora que la genética es responsable solamente del 10% de las redes hebbianas, y que el 90% restante es consecuencia de nuestra cultura

Los seres humanos experimentamos durante nuestras vidas una diversidad de emociones como alegría, placer, amor, tristeza, miedo o rabia. Las experimentamos en todo nuestro ser, incluyendo nuestro cuerpo que reacciona y se modifica físicamente ante la presencia de alguna de esas emociones. Es muy común que lloremos de tristeza y también lloremos de alegría, o que nuestro rostro se ponga rojo cuando nos invade la rabia. En ocasiones nuestro miedo es tan grande que empezamos a transpirar y nuestro cuerpo se pone más frío. En otras, nuestro amor por otra persona hace que nuestro corazón lata con mayor velocidad y sintamos que nuestra sangre recorre placenteramente todo nuestro cuerpo. Y cuando nos sentimos felices todo nuestro cuerpo está pletórico de bienestar y en un estado de euforia física.

Qué procesos se producen en nuestro cuerpo que hacen que experimentemos esas emociones? Cómo es que nos sentimos felices o infelices?

Connotados científicos de prestigiosas universidades y laboratorios en diferentes partes del mundo vienen estudiando ese tema, entre ellos, el Laboratorio de NeurocienciaAfectiva de la Universidad de Wisconsin (USA), dirigido por el Dr. Richard J. Davidson, el Instituto de Neuropsicología y Funcionamiento Cognitivo de la Universidad de New York (USA), dirigido por el Dr. Elkhonon Goldberg y el Instituto de Neurología de la Universidad de Londres (Inglaterra).

Las investigaciones realizadas por los científicos llevaron a un descubrimiento extraordinario y valiosísimo. Encontraron que el origen de la sensación de felicidad o de infelicidad está en la plasticidad del cerebro. Es decir, la capacidad humana de modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que elegimos tener.

Resulta que al igual que los músculos del cuerpo, el cerebro desarrolla y fortalece las neuronas que más utilizamos y atrofia o debilita las neuronas que menos utilizamos.

A más pensamientos negativos, se da mayor actividad en el córtex derecho del cerebro (lóbulo prefrontal derecho) lo que genera emociones no placenteras como ansiedad, depresión, envidia, sentimiento de culpa, hostilidad hacia los demás, entre otros. En otras palabras, infelicidad autogenerada.

Por el contrario, a más pensamientos positivos, se da mayor actividad en el córtex izquierdo del cerebro (lóbulo prefrontal izquierdo) elevando las emociones placenteras y la felicidad. En otras palabras, felicidad autogenerada. (Figura 1).

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A esto se le llama APRENDIZAJE HEBBIANO, en honor al psicólogo estadounidense Donald Hebb, y es la base de lo que se denomina científicamente NEUROMODELACIÓN O NEUROPLASTICIDAD CEREBRAL, que consiste en la capacidad de nuestras neuronas cerebrales para juntarse entre sí, creando, ampliando y reforzando sus redes, como también para irse separando, debilitando o eliminando las redes neuronales existentes. (Figura 2).

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Existen dos tipos de Neuroplasticidad: la positiva, que se encarga de crear y ampliar las redes hebbianas; una red hebbiana se crea cuando dos o más neuronas, como consecuencia de un estímulo, se juntan y, si el estímulo continúa, las neuronas tienden a juntarse con más y más neuronas ampliando así la red neuronal o la red hebbiana. Por el contrario, la neuroplasticidad negativa se encarga de eliminar a aquellas redes neuronales que no se utilizan. (Figura 3).

Cuanto más grande es una red hebbiana mayor será su potencia.

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Lo importante de este proceso es que se transforma en un ciclo que, cada vez que se repite, se refuerza más y más y pasa a ser parte de nuestra vida, convirtiéndose en hábitos que terminamos realizando de manera inconsciente. Por ejemplo, si pensamos en negativo, nuestra mente manda un mensaje al córtex de nuestro lóbulo prefrontal derecho, este córtex produce un químico neurotransmisor asociado al mensaje negativo que fluye por nuestro cuerpo, produciéndonos una sensación de malestar y de infelicidad; a su vez, nuestro cuerpo, inmerso en esa sensación de malestar y de infelicidad, manda un mensaje a nuestra mente diciéndole: ¨Mira que me estoy sintiendo mal¨, nuestra mente capta ese mensaje y lo vuelve a enviar a nuestro lóbulo prefrontal derecho y así sucesivamente, seguimos alimentando y reforzando nuestra infelicidad.

De igual forma sucede cuando nuestra mente está enfocada en lo positivo. Manda un mensaje al córtex de nuestro lóbulo prefrontal izquierdo, éste produce un químico neurotransmisor (serotonina), asociado al mensaje positivo, que fluye a través de nuestro cuerpo produciéndonos una sensación de bienestar y de felicidad. Del mismo modo, nuestro cuerpo, envuelto en esta sensación de bienestar y de felicidad, manda un mensaje a nuestra mente diciéndole: ¨Mira que me estoy sintiendo bien¨, nuestra mente capta ese mensaje y lo vuelve a enviar a nuestro lóbulo prefrontal izquierdo y así sucesivamente.

De esta manera, cuantas más veces se repita el circuito mente – cerebro – cuerpo – mente, se hace cada vez más y más fuerte, reforzando el pensamiento inicial positivo o negativo que lo generó. De ahí la importancia de crear y mantener circuitos positivos que generen una sensación constante de bienestar y felicidad. (Figura 4).

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Este proceso permite que las nuevas experiencias de vida, las conversaciones que mantenemos, los nuevos conocimientos que adquirimos, remodelen una y otra vez nuestro cerebro. Se sabe ahora que la genética es responsable solamente del 10% de las redes hebbianas, y que el 90% restante se forma bajo el influjo de otros dos factores que, a diferencia del primero, pueden ser variados por la voluntad, estos factores son: las experiencias de vida y los conocimientos adquiridos (Figura 5). También se sabe que esto último depende de una estructura cerebral modular conocida como lóbulos prefrontales. (Figura 5)circuito-de-la-felicidad-libro-felizmentica-juan-zeljko-arapovic-doko5

Los lóbulos prefrontales constituyen la base de la neuromodelación consciente de nuestras redes neuronales. Ellos nos dan una capacidad única en la naturaleza: poder decidir nuestro propio destino. Gracias a ellos podemos elegir qué cosas de la cultura tomar y qué experiencias vivir para remodelar nuestras viejas redes neuronales (las que ya no nos agradan o no nos sirven) y crear nuevas redes neuronales (que sí nos agradan o sí nos sirven) con el fin de que nuestro proyecto de ser humano pueda concretarse exitosamente como queremos.

Hay algunos autores que asignan porcentajes menores a las redes hebbianas determinadas por la cultura y la experiencia. Francisco Mora, doctor en Medicina y doctor en Neurociencias menciona en su libro NEUROCULTURA , Una cultura basada en el cerebro, que ¨el ser humano conforma y desarrolla tras el nacimiento casi el 70% de su cerebro en interacción constante con su medio ambiente y los demás ¨4. Sonja Lyubomirsky en su libro The how of happiness. A Scientific Approach to Getting the Life you Want menciona que es el 50%.5 Si bien es cierto que los científicos tienen discrepancias en cuanto a los porcentajes, es cierto también que todos coinciden en que hay una gran porción de nuestra mente que se determina por la cultura y la interacción con los demás. Y eso es lo que realmente importa.

Extraordinario. ¡Maravilloso! Quiere decir, entonces, que podemos crear nuevas redes neuronales y ampliarlas cada vez más, ejercitando y reforzando nuestro lóbulo prefrontal izquierdo para así autogenerar nuestra felicidad. Quiere decir también que podemos debilitar y eliminar las redes neuronales existentes en nuestro lóbulo prefrontal derecho anulando de esta manera las condiciones que nos generan infelicidad.

 

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Acerca de Pablo Bretos

Educador Social. Director de Centro San José (Gobierno de Navarra) Profesor Asociado de Universidad Publica, Departamento de Trabajo Social Experto Investigador Presidente de Federación Navarra de Baloncesto Entrenador Nacional de Baloncesto
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