Pacientes incomunicados pueden decir sí o no con la pupila

  • La pupila cambia de tamaño en función de la actividad del cerebro
  • Un profesional interpreta la mente del paciente y lo traduce en frases
  • Una cámara captará el tamaño de la pupilar para conocer la respuesta

Ainhoa Iriberri | Madrid. elmundo.es – Actualizado martes 06/08/2013

No hace falta un profesional que ayude, ni siquiera un complicado aparataje. Basta un ordenador portátil y una cámara. Y el ‘milagro’ se produce o, al menos, se ha producido en siete pacientes afectados por lo que se denomina el síndrome de enclaustramiento (locked-in syndrome, en inglés), una condición que algunos definen como lo más parecido a estar muerto en vida y que se caracteriza por una incapacidad total de movimiento y, con ello, al menos hasta ahora, de comunicación.

Pero esta semana, la revista ‘Current Biology’ -del grupo editorial Cell- parece ofrecer una oportunidad a estos pacientes y, lo más importante, lo hace con un método muy sencillo, lejos de otras alternativas más polémicas como la comunicación facilitada, en las que un profesional entrenado interpreta la mente del paciente y lo traduce en frases.

En el sistema descrito hoy en una carta en la revista estadounidense, investigadores de la Philipps University (en Alemania) ofrecen una alternativa que sirve tanto para los afectados por el síndrome de enclaustramiento como para aquellos casos donde el estado de consciencia no está claro, es decir, serviría como herramienta comunicativa pero tendría también un valor diagnóstico.

La tesis no puede ser más simple: el tamaño de la pupila, controlado por una simple cámara situada a la altura de la cama revela si la respuesta a una pregunta es sí o no, un paso que puede parecer pequeño para las personas que no tienen problemas de este tipo y que, sin embargo, es un gran avance para quienes no pueden decir nada.

Para corroborarla, los investigadores dirigidos por Wolfgang Einhäuser hicieron varios experimentos, todos con la misma estructura. Un investigador leía en alto una pregunta con dos únicas respuestas: sí o no. Cinco segundos después, el ordenador ‘respondía’ con voz artificial; en la mitad de los experimentos, la respuesta era afirmativa y en el resto, negativa.

Simultáneamente, la respuesta en la pantalla del ordenador, situada a entre uno y dos metros de los participantes, se veían operaciones aritméticas muy sencillas y se acompañaban con el ‘sí’ o el ‘no’ previo.

Midiendo las pupilas de los participantes, se demostró que éstos reconocían la respuesta correcta y reaccionaban fisiológicamente de una manera u otra según la afirmación fuera verdad o no.

Así, los investigadores fueron capaces de traducir el tamaño de las pupilas en respuestas concretas y lo comprobaron tanto en voluntarios sanos como en siete pacientes con el síndrome de enclaustramiento.

Esta investigación se añade a otra anterior del mismo grupo, en la que se demostró una relación entre la noradrenalina y el tamaño de la pupila, que se podía asociar a la incertidumbre, otro signo de comunicación útil para saber qué piensan estos pacientes encerrados en sí mismos.

Einhäuser explica a ELMUNDO.es que es la primera vez que se estudia el significado de la pupila en la comunicación en estos enfermos. “Por supuesto, está la respuesta al reflejo, que se utiliza para comprobar la función cerebral, pero esto es algo completamente diferente. Hemos usado la aritmética para permitir a la gente controlar la dilatación de su pupila”.

“Es destacable que un sistema fisiológico tan simple como la pupila suponga un repertorio tan rico de respuestas que puedan usarse para comunicarse”, explica Einhäuser. “Es muy positivo que el sistema haya funcionado casi perfectamente en todos los voluntarios sanos y se haya podido transferir de ellos a los pacientes enclaustrados, sin necesidad de prepararlos”, añade.

El investigador concluye que aún se puede mejorar el proceso que han desarrollado que, no obstante, podría llevarse a la práctica clínica casi de forma inmediata. “Lo más rápido en llevarse a la práctica será en personas con el síndrome de enclaustramiento pero en un futuro se convertirá también en una herramienta diagnóstica para pacientes cuyo estatus no esté definido del todo”, apunta el científico alemán.

Einhäuser apunta un dato curioso a este periódico. La pista para trabajar en el hallazgo la facilitó un viejo estudio publicado en 1964, que demostraba que la pupila se dilataba cuando las personas hacían cálculos. “Esto lo hemos trasladado al paradigma actual”, concluye el experto.

Una de las imágenes del experimento.| 'Current Biology'

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Acerca de Pablo Bretos

Responsable de Centros de Servicios Sociales de Ayuntamiento de Pamplona. Profesor Asociado de la Universidad Pública de Navarra, Departamento de Trabajo Social. Suficiencia Investigadora. Entrenador de Baloncesto
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